El cuadro.

8 diciembre, 2010

No era en absoluto una imagen  agradable. Sus manos se deslizaban sobre el barro cultivando sueños carbonizados. Su introspección le observaba desde dentro hasta llegar a una conciencia insalvable de la que era imposible escapar. Él ya sabía lo que podía suceder al mover aquella piedra y aún así introdujo la enfangada mano en el interior del cuadro y agarró la roca con todas sus fuerzas y haciéndola picadillo con sus afilados dientes, se la tragó.

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