Sin duda, me quedo con él.

8 diciembre, 2010

Entre su compañía y el café de las tres no sabría que elegir. Reconozco que soy adicto al café pero tampoco soy un tipo tan solitario como parezco a primera vista. Las apariencias engañan, o eso dicen. En fin, que el café me encanta, no lo puedo negar, pero verlo ahí sentado mientras revuelvo el azúcar y saboreo el primer trago de mi dulce y negro elixir, me produce una sensación agradable. En realidad la mezcla de los dos es una especie de exaltación en todos los sentidos, es algo difícil de explicar.

A las 14. 20 empieza mi ritual, es algo importante para mí, por eso me da pena que él no participe. Ni siquiera me acompaña. No es capaz de sentarse en la cocina mientras yo comienzo con mi rutina cafetera. A veces incluso me enfado con él. Él, de vez en cuando, también se irrita conmigo porque disfruto moliendo el café en el viejo molinillo de mi padre. Y me divierto esperando a que el agua empiece a hervir en el puchero. Y justo antes, solo antes de que empiece la ebullición de burbujas, la aparto del fuego y la vierto en mi viejo recipiente de porcelana donde esperan los pequeños granos ya molidos, entonces huelo el aire, y el aire huele a él.

Microrrelato publicado en el blog “La Esfera Cultural”

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