10 enero, 2012

Era bueno saber que ninguna de las dos se necesitaban pero pasar tanto tiempo juntas influía en cada una de sus decisiones.

Aquella tarde hacía frío. Las nubes grises que se veían desde la ventana se desplazaban con rápidez por el cielo, como si un gigante soplase, desde le norte, con fuerza.

Cuando tus ojos y los míos se cruzaron sentí tu paso firme acercándose a mí.

En mi horizonte, tu figura, cada vez más próxima, aumentaba de tamaño. Inalterable y segura, te colocaste frente a mí. Con tu imagen tan cerca alcancé a reconocerme por dentro y presencié el mayor espectáculo de toda mi vida: en cuestión de segundos, aquella pequeña semilla que gestaba en mi interior, creció. Primero las raíces bajaban de la parte baja de mi estómago y se iban extendiendo hacia la planta de mis pies. Cuando las raíces secundarias alcanzaron las puntas de mis dedos, el tallo inició su desarrollo vertical a una velocidad inexplicable y se extendió hacia la parte elevada de mi pecho. Las hojas trepaban por mi garganta mientras incrementaban su volumen. A la altura de mi boca se fundó el tálamo. Envueltos por los sépalos, nacieron los pétalos. Medraban con tonalidades dispares pero siempre manteniendo un orden rítmico y equilibrado.

En el punto central de tus ojos podía ver reflejada aquella armoniosa energía que crecía en mí y me llenaba de verde y de mil colores.

Una vez tuve un amigo

12 enero, 2011

Se llamaba Edu y éramos inseparables. Nos conocíamos a la perfección y cuando jugábamos parecía que nuestras mentes se mimetizaban y los juegos se convertían en auténticas aventuras. A Edu le encantaba construir cabañas, cuanto más grandes mejor, pero lo que realmente nos apasionaba eran los bichos y cualquier ser que tuviera dos cabezas, cuatro brazos o seis lenguas. Muchas tardes las pasábamos hundiendo nuestras manos en el barro con la intención de cazar lombrices. Cuando atrapábamos alguna la metíamos en un recipiente de cristal. Luego la observábamos durante un rato y al final el pequeño animalillo era liberado y devuelto a su lugar de origen.

Yo sabía que aquel momento tenía que llegar. Cuando Edu cumplió los diez empezó a jugar con otros niños. Tuve la suerte de que se despidiera de mí. Sus últimas palabras fueron directas y concisas: “no debo jugar más contigo, todos dicen que no eres real, pero no te preocupes, sigues siendo mi mejor amigo”.

Microrrelato escrito para el concurso que realiza la Editorial Hipálage.  El tema debe girar en torno a la amistad.

Quién observa a quién

29 diciembre, 2010

Detesto que me observen, sobretodo si los que miran son fantasmas. Cuando estoy en casa cocinado o haciendo mis tareas los siento ahí, acechando, robándome  mi espacio.

Entonces los miro fijamente a los ojos y les pregunto: “¿se puede saber qué es lo que miráis?”

Retrato de sí mismo

15 diciembre, 2010

Al día siguiente apenas recordaba la noche anterior. La habitación apestaba a resaca y un vómito se retorcía en la alfombra como si tuviese vida propia. No era difícil imaginar lo que allí había sucedido pero era incapaz de reconocer el lugar. Todo estaba cubierto con mantas y había un pequeño baúl barnizado en la esquina del salón. Encima de la mesa una cajetilla de tabaco. Un vibrador rosa dominaba aquella fracción de espacio. Volvió la cabeza y allí estaba ella. La desconocida. La amante perfecta.

Le gustaría saber su nombre o dónde trabajaba pero solo era un sentimiento pasajero.

Siguió deambulando por la casa. Cuando ya se había alejado de la habitación empezó a sentirse vacío. Abrió la puerta que tenía enfrente y de pronto se sintió egoísta. Un espejo colgaba de lo alto de la pared. No tuvo más remedio que mirarse y se encontró.

Aquella era su casa.

Y aquella su mujer.

Microrrelato publicado en el blog “La esfera cultural”

Un valiente con brazos alados

15 diciembre, 2010

Ante las declaraciones de su enemigo no pudo hacer otra cosa. No vayáis a creer que se lanzó al abismo y encontró el suelo, o que chasqueó los dedos y decidió desvanecerse entre la nada. No. Zanjó el tema sorprendiendo a cómplices y contrarios: extendió sus brazos y voló.

El paisaje de plata

10 diciembre, 2010

Para no enloquecer se subió los pantalones y arrojó la colilla al suelo. Una vez se abrochó el cinturón, comenzó a andar sin rumbo. A cada paso, más viejo se hacía.

Caminó y caminó. Sus barbas casi rozaban el suelo. A lo lejos divisó un paisaje todo envuelto en una bruma suavizada. Se adentró y descubrió que todo estaba tallado en plata, los árboles, las rocas moribundas, incluso los petirrojos. Siguió con su paseo contemplando aquellas maravillas, los brillos de la plata pulida y el cuidado de la talla.

Anocheció y levantó los ojos. Una gran luna amarilla lo cubría todo con su luz. Decidió pasar la noche allí. Se acurrucó entre unos arbustos de plata y se durmió.

Que espléndido era todo y el pobre no recordaba nada. Su larga barba lo protegió del frío en aquella noche sumergida en la memoria. Entonces soñó. Y era joven de nuevo y todo parecía estar muerto. En aquel lugar ya no quedaba nada, el vacío le cegaba y le hacía tiritar. Fue en ese preciso momento cuando aquel joven hombre decidió tallar en plata un paisaje embriagador.

Supervivencia

8 diciembre, 2010

Se volvió bruscamente y miró a su derecha. Después de confirmar que allí no quedaba nadie se acurrucó en el único rincón de la estancia. Envuelto en sí mismo, se deseó buena suerte y emprendió un salpicado vuelo hacia sus temores más profundos y en lo subterráneo de su subconsciente, consiguió sobrevivir.