Foto por: Iria L.

Foto por: Iria L.

He trabajado ocho años en una empresa, sé muy bien lo que me digo. Durante esos ocho años malgasté mi vida allí dentro. Desperdicié mis mejores años. Durante esos ocho años aguanté mucho. Pero de no haber existido ese largo período, tal vez el bar no habría tenido tanto éxtito. Eso es lo que creo. Me gusta este trabajo. Ahora tengo dos locales. Pero a veces me parece que son dos jardines imaginarios que he creado en mi cabeza. Unos jardines de ensueño. En ellos he plantado flores, he instalado fuentes. Los he creado con sumo cuidado, parecen muy reales. La gente viene, bebe, escucha música, habla y luego se va. ¿Y por qué crees que, noche tras noche, tanta gente se gasta tanto dinero vivniendo a tomar una copa aquí? Pues porque todo el mundo, en mayor o menor medida, busca un lugar imaginario. Y la gente viene aquí para ver un jardín fantástico creado de forma exquisita que parece flotar en el aire y para verse a sí misma incluída dentro de esa escena.

Al sur de la frontera, al oeste del Sol (1992), Haruki Murakami.

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